PAPÁ, ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?
- No sé cómo decírtelo. Seguramente crees que lo haces por mi bien, pero no puedo evitar sentirme raro, molesto, mal.
- Me regalaste un balón cuando apenas empezaba a andar. Aún no iba a la escuela cuando me anotaste al equipo.
- Me gusta entrenar durante la semana, bromear con los compañeros y jugar el fin de semana como hacen los equipos grandes.
- Pero cuando vas a los partidos... no sé. Ya no es como antes. Ahora no me das una palmada cuando termina el partido, ni me invitas una gaseosa.
- Vas a la tribuna pensando que todos son enemigos; insultas a los árbitros, a los entrenadores, a otros padres...
- ¿Por qué has cambiado? Creo que sufres y no lo entiendo.
- Me repites que soy el mejor, que los demás no valen nada a mi lado, que quien diga lo contrario se equivoca; que sólo vale ganar.
- Ese entrenador del que dices que es un inepto es mi amigo, el que me enseña a divertirme jugando.
- El chico que el otro día salió en mi puesto ¿te acuerdas? aquel a quien estuviste toda la tarde criticando porque “no sirve ni para llevarme el bolso”, como tú dices.
- Ese chico es mi compañero en el colegio y vive en el barrio. Cuando lo ví el lunes, me dio vergüenza.
- Ese árbitro al que le dijiste tantas burradas y tanto te “acordabas” de su familia y... El es un chico de 4º año de mi colegio y me da vergüenza verlo todos los días.
- No quiero decepcionarte. A veces pienso que no tengo suficiente calidad, que no llegaré a ser profesional y ganar cientos de millones, como tú quieres.
- Me lastimas, me haces sentir mal. Hasta he llegado a pensar en dejarlo, pero me gusta tanto...
- Papá, por favor, no me obligues a decirte que no quiero que vengas más a verme jugar.